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Los orígenes del Bitcoin: ¿qué ha cambiado desde su génesis hasta hoy?

El pasado 3 de enero de 2018, Bitcoin cumplió 9 años de vida. 

A casi una década de su existencia, la criptomoneda está hoy en boca de muchos, aunque muchos más somos los que desconocemos los orígenes del Bitcoin, los valores que inspiraron su creación o el potencial e importancia de la tecnología que lo sustenta…

En los últimos meses, la criptodivisa ha cobrado gran protagonismo, asomando a cada rato y en ocasiones superficialmente, en titulares de prensa y medios digitales de todo tipo.

Se habla del Bitcoin, sobre todo, para decir que se trata de otra burbuja.

O para publicar en colores que casi alcanzó los 20.000 dólares (durante su techo histórico de diciembre de 2017), o para alertar que su valor se desplomó, como hace poquito, cuando bajó aproximadamente a 10.000 dólares hacia mediados de enero de 2018.

Mucho se habla de sus vaivenes de precio, por momentos opacando sus raíces o el inmenso poder de la tecnología que está detrás del Bitcoin. 

Orígenes del Bitcoin

En 2008 ocurrió la llamada crisis de las hipotecas subprime y aquella inevitable explosión de una burbuja inmobiliaria y real.

Fue en ese marco de crisis bursátil, financiera y económica a escala global que Satoshi Nakamoto (una o varias personas, no se sabe) creó un sistema de dinero electrónico al que bautizó como Bitcoin.

Tal como indicó The New Yorker en 2013, Nakamoto fundó Bitcoin como un motivado esfuerzo, en respuesta a las consecuencias de la crisis financiera de 2008, lanzando en enero de 2009 su proyecto y los primeros 50 bitcoins, el denominado bloque de genesis de Bitcoin.

Mucho ha cambiado desde entonces.

A nivel de su operativa, por ejemplo, al principio los usuarios que querían tener sus bitcoins debían ejecutar nodos de red.

Pero a medida que la red se volvió más grande y compleja, la minería pasó a ser un área de trabajo reservada para enormes granjas de servidores con hardware especializado, dedicadas a hacer posibles las transacciones y a mantener el sistema descentralizado.

Bitcoin fue concebido como un sistema descentralizado, que no diera lugar a la corrupción en los procesos de emisión y cambio de moneda.

Desde su génesis, la intención de Nakamoto fue construir una alternativa para librarse de las cadenas impuestas por los bancos y políticos, así como de la centralización de sus decisiones.

En vez de confiar en los gobiernos, los bancos centrales y otras instituciones para garantizar el valor de la moneda y las transacciones, la confianza de Bitcoin se sustenta en las matemáticas y en la tecnología en que se basa.

Nakamoto llegó a escribir acerca del Bitcoin:

«Está completamente descentralizado, sin servidores centrales ni partes involucradas de confianza, porque todo se basa en la prueba de cifrado en lugar de la confianza. El problema de raíz con la moneda convencional es toda la confianza que se requiere para que funcione. Se debe confiar en que el banco central no degrade la moneda, pero el historial de las monedas fiduciarias está lleno de violaciones de esa confianza. Se debe confiar en los bancos para guardar nuestro dinero y transferirlo electrónicamente, pero lo prestan en oleadas de burbujas de crédito con apenas una fracción de la reserva. Tenemos que confiar en ellos con nuestra privacidad, confiar en que no van a permitir que los ladrones de identidad agoten nuestras cuentas…»

Blockchain, una promesa tecnológica de gran potencial

Entre otros trabajos de investigación, el B-money de Wei Dai sirvió como uno de los antecedentes del desarrollo de Bitcoin.

El B-money fue una de las propuestas germinales, orientadas a edificar, precisamente, un «sistema de efectivo electrónico distribuido y anónimo».

Pero Nakamoto añadió una pieza clave: el Blockchain.

La idea y concreción del Bitcoin fue posible gracias al trabajo mancomunado de muchos desarrolladores, criptógrafos y activistas cibernéticos.

Gracias al uso de la tecnología Blockchain, el Bitcoin buscó desde el comienzo operar como un sistema descentralizado, que permitiera eliminar de la cadena a los intermediarios y así estrechar una relación directa entre usuarios, sin la intervención de terceros y elevadas comisiones.

Pero el potencial y utilización de Blockchain va mucho más allá de las criptomonedas.

Se trata de una herramienta de código abierto, que cualquiera puede ver y replicar para así seguir desarrollando nuevas funcionalidades y usos de la tecnología.

Al menos en un comienzo, Blockchain fue la alternativa real que encontraron en el universo digital desarrolladores y usuarios de todo el mundo para crear herramientas y aplicaciones que posibiliten descentralizar las relaciones humanas.

En otras palabras, la idea inicial era cambiar la forma en que nos relacionamos, de la mano de una nueva tecnología.

¿En qué se convirtió hoy? Los riesgos de la pura especulación

Así como hay muchos proyectos cuya intención nos remonta a los valores iniciales del Bitcoin fundados en la libertad, privacidad y descentralización, hay otra gran cantidad de profetas y estafadores, que venden el Bitcoin y otras criptomonedas como si fueran un método mágico de hacerse millonario en poco tiempo.

Cada vez se habla más en términos de inversión, cuándo comprar bitcoin, cuándo vender o cómo subió o cayó el precio de tal criptomoneda, en vez de referirse a los pilares que inspiraron la tecnología Blockchain.

De hecho, Vitalik Buterin, creador de la blockchain de Ethereum, llegó a decir que abandonaría el ecosistema, si la comunidad de usuarios no deja de jugar con precios y especulaciones.

Un Lamborghini sin ruedas

«Actualmente, tener Bitcoin es como tener un Lamborghini sin ruedas«, indica Iván Gómez en una editorial publicada en Criptonoticias, donde cuestiona cómo una moneda que surgió para servir de dinero digital y eliminar las comisiones, se ha convertido en un depósito de valor difícil de mover, dadas las altas comisiones que deben pagarse hoy por hoy para realizar una transferencia.

«Si bien Bitcoin ha permanecido fiel a sus valores, los conflictos políticos y de ego entre desarrolladores, mineros y empresas lo están alejando de ser lo que se pretendió en un inicio que fuera. Si las grandes empresas de servicios de pago y monederos adoptaran SegWit -el cual fue lanzado en agosto del 2017 y al sol de hoy solo lo ha implementado un 8,73% de la red– la descongestión sería inminente y las comisiones descenderían», escribe Gómez en su artículo.

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Los espejismos de (algunas) ICO

Existen algunos proyectos nacidos de la galera, que en poquito tiempo escalan lo alto de los rankings de criptomonedas.

Se generan promesas inciertas, sólo basadas en su capitalización de mercado y no en su potencial real, es decir su aporte o funcionalidad actual y futura, invirtiéndose en ICOs que simplemente no se sabe si funcionarán, sin saber quiénes están detrás de cada proyecto, o si proponen o no una posible solución tecnológica a problemas de la vida cotidiana.

Al respecto, el artículo de Gómez apunta que existen actualmente grupos de Telegram y otros medios de mensajería, donde se coordina la compra masiva de una criptomoneda barata para así intentar inflar su precio.

Luego, otras personas ajenas a esos grupos, pero que siguen el aumento de su valor en los rankings, deciden de pronto invertir en esa criptomoneda para no quedar afuera, «hasta que en los grupos se decide que es momento de vender y recuperar ganancias, derrumbando en breves momentos una también breve e infundada escalada… Y si bien es cierto que no tiene nada de malo querer hacerse rico, quizás sí lo sea conseguirlo a costa de los objetivos del proyecto blockchain«, concluye Gómez.

Ripple, el caballito de Troya del criptomercado

En términos de éxito, Ripple fue la mejor criptomoneda de 2017, multiplicando su precio más de 400 veces desde el 1 enero al 31 de diciembre.

Foto: steemit.com

 ¿Pero a costa de qué? Ripple ha sido adoptada por los bancos, esas instituciones que Blockchain y Bitcoin querían eliminar de la ecuación.

Aunque como su precio sube a la vista de todos, nadie quiere perderse su eventual tajada virtual.

Algunos consideran a Ripple como un caballo de Troya, ya infiltrado en el ecosistema, que amenaza terminar con la esperanza de la descentralización.

Seguramente no sea para tanto, pero sí es importante recordar y para ello investigar cómo nació Bitcoin, qué es Blockchain y para qué surgieron las criptomonedas, en vez de invertir en cualquiera sólo por subidas momentáneas de valor.

Quizá sea tiempo de regresar a los orígenes del Bitcoin y sus propósitos originales, para así acercarse a comprender los beneficios y usos potenciales de la tecnología blockchain y sus garantías de libertad, privacidad y transparencia.

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